Pájaro.

Óleo / contrachapado entelado e imagen fotográfica en papel Epson Ultrasmooth Fine Art / fórex. 2012. 100 x 200 cm.

Damien Hirst. Posiblemente el artista más cotizado del momento. Posiblemente la marca artística más cotizada del momento.

El aparente retrato que yo realizo no es tal retrato. Yo no conozco al señor Hirst, él nunca ha posado para mí. Intento generar una imagen pictórica con aspecto de cierto academicismo retratista. Sin embargo, usted y yo sabemos que se trata de una copia más o menos feliz de una imagen encontrada en internet.

Acompaño a esta pintura con una imagen fotográfica de un pájaro disecado (avutarda) que en su día cazó mi padre y que desde que yo recuerdo siempre ha lucido en lo alto del televisor que a su vez luce en el salón de lucimiento que hay en casa de mis padres. Ha perdido un ojo y está rociado de purpurina plata y oro.

 

Con el traje de profesor.

Imagen fotográfica en papel Photo Rag Baryta / fórex, madera, hierro, fieltro y tapete de puntilla realizado por mi madre. 2012. 230 x 190 x 30 cm.

     

Detalle del tapete y perspectiva de la obra.

 

05. Pantone pastel y metalic.

Óleo / contrachapado entelado e imagen fotográfica en papel Epson Ultrasmooth Fine Art / fórex. 2012. Diversas disposiciones, 4 piezas de 50 x 50 cm.

 

05 y 02. Naranja, verde, violeta.

Óleo / contrachapado entelado. 2012. 150 x 50 cm.

 

03. Verdes y magentas.

Óleo sobre contrachapado entelado. 2012. 100 x 50 cm.

 

 Fran y Diana. Retratos robot.

Óleo / tela, marcos de madera e imagen fotográfica en papel Hahnemühle Photo Rag Ultrasmooth / fórex. 2012.  170 x 160 cm.

En la autovía que comunica Murcia y Albacete, justo en el límite entre ambas provincias se encuentran las ruinas de lo que en su día fuera un corral para guardar el ganado. No existe ninguna población cercana. Seguramente sea un lugar de tránsito, de estancia temporal de los animales. Resulta curioso que alguien haya elegido este muro de piedra para hacer manifestación pública de su amor. El amor que tiende a diluir la frontera que pueda existir entre los seres que se aman se manifiesta en el grafismo de un amante justo en la linde de las dos provincias que han sido escenario de la mayor parte de mis vivencias, incluidas las amorosas.

La imagen fotográfica es un documento de ese lugar, de esa especie de corazón de tiza que en nuestra infancia nos autoafirma en un amor, tal vez no correspondido.

 

Construcciones rurales. Aljibe.

Imagen fotográfica en papel Hahnemühle Photo Rag Ultrasmooth / fórex. 155 x 133 cm.

 

El fin del mundo.

Vídeo HD 1920 x 1080. 2012. Duración 1:33.

Cuando G. Courbet pinta y titula "El origen del mundo" ¿pensaba en el origen de la vida?, ¿pensaba en la potencialidad de lo femenino como generador de vida; en la fecundidad? o ¿pensaba en el placer como punto de partida para sabernos en el mundo, para sabernos vivos?. ¿Es esta obra un puñetazo a la dominancia del falo?, ¿es una guantada a la hipocresía burguesa?, ¿es una provocación o una simple copia de una estampa pornoerótica?, ¿es pornografía elevada al estatus de arte o es arte que se sumerge en los turbios fondos de la mercancía sexual?.
Es una pintura sencilla y misteriosa. Pareciera una ventana a ese mundo que nace, que se origina. Nos obliga a un punto de vista obsceno o si lo prefiere, ginecológico. En su encuadre no hay cabida para el rostro de la modelo, lo que convierte a ese pubis en un pubis universal, en el pubis de Dios.
"El fin del mundo" es una multiplicación de falos, de penes semierectos que antes incluso de emerger en todo su potencial, mueren en un movimiento frenético que se amortigua hasta la nada por su propia multiplicidad.
El negro del fondo de Courbet es aquí blanco y el blanco de sus blusones es negro en esta pieza. Tal vez haya en ello referencias a la luz y a la sombra, a lo espiritual y a lo terrenal.
"El fin del mundo" podría interpretarse más que desde un punto de vista antropológico o de género (que también),desde un punto de vista político. La petite morte sexual es aquí la muerte del ser precisamente por esa multiplicidad que ya no nos habla del pubis de Dios sino del falo muerto de la humanidad.

Tal vez quepan otras reflexiones apelando a la idea del voyeur. Si en "El origen del mundo" el voyeur era el burgués, el comprador del cuadro (Khalil Bey) que lo velaba con un telón para mostrarlo como si de un secreto se tratara a sus amistades en una situación de cierta intimidad (estaba instalado en un baño), ceremonial éste que también gestionaría aunque con otras teatralidades su posterior dueño, J. Lacan; en "El fin del mundo" el voyeur contemporáneo observa la pieza videográfica en la pantalla de su ordenador conectado a Youtube.

Noticia de El país del 7 de febrero de 2013.